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Emergencia 29: La Universidad para pensar y para dejar de pensar (o “Periódicamente es necesario pasar lista a las cosas…”)

MAYO 2018 GT. IIEE

Sandra Vega Gajardo*

El poeta argentino Roberto Juarroz en el Poema 3 dice de manera muy sencilla y clara que periódicamente hay que comprobar la presencia de las cosas, sentenciando de manera un poco misteriosa que “nada debe reemplazar lo ausente”. Tal vez la poesía, además de tomarse licencias propias, permite que otras personas interpretemos libremente sus sentidos. Desde allí me permito relacionar esta con el sentido de las Universidades, el pensamiento con tradición feminista y la posibilidad del encuentro humano en una comunidad universitaria del Siglo XXI.

Desde el lugar de la docencia y la academia, es una preocupación dejar pasar cotidianamente la posibilidad de un encuentro de ideas bajo el pretexto de las urgencias organizacionales que, casualmente, se están pareciendo en casi todos los sitios vitales. Por una parte, creo que estudiantes y docentes compartimos una intermitente sensación de “estorbo” de aquellas actividades que no se traducen en el producto solicitado y/o premiado desde el fantasmagórico lugar de autoridad. Pero por otra parte, vemos frecuentemente salir a la luz un ahogado conflicto que saca a relucir el montículo de problemas acumulados debido a la ausencia de debates. Y en estos conflictos sofocados han destacado especialmente la naturalización de situaciones históricas de abusos (como por ejemplo, el acoso sexual universitario) transitando paralelamente con la estandarización de las formas de presentar un problema social para que aparezca visible en las zonas “de peso” de la comunidad científica y política.

Aquello nos ha vuelto a poner una pregunta que no debiéramos seguir esquivando (aunque estorbe): ¿Por qué valdría la pena nutrir de sentido una comunidad universitaria en estos tiempos? Y creo que aquí tenemos distintas salidas, por lo menos desde una crítica optimista. En principio me parece muy pertinente realzar el significado del encuentro humano con los alcances que Hanna Arendt destacó de los esfuerzos para mostrar “lo común” sin renunciar al trabajo de la interacción que es lo que posibilita -en discurso y acción- nuestra real y consistente humanidad. En este punto destaco–advirtiendo los riesgos de banalización- el debate amplio que se ha impulsado desde el pensar con tradición feminista dentro de las Universidades. Lo recalco como ejemplo por dar cuenta de batallas culturales de resignificación de espacios que podemos hoy declarar aún irresolutas a pesar de los avances formales. Creo que la profundización de debates enraizados en la crítica feminista ha mostrado la posibilidad de darle consistencia y cuerpo a aspiraciones de referencia como la justicia y el respeto, evitando cotidianamente que habiten en la imprecisión y desplome hacia el desierto de las ideas o de la corrección política.

Sin embargo, poblar el encuentro público no es honesto si damos por sentado el espacio universitario como lugar de interacción. Sería más fructífero advertir -e incluso asustarnos- ante la ausencia o, en el mejor de los casos, de atrofia del encuentro. Creo que este es un requisito fundamental para llenar de contenido y aperturas francas las definiciones éticas de Universidad que muchas y muchos queremos fortalecer.

Periódicamente,

es necesario pasar lista a las cosas,

comprobar otra vez su presencia.

Hay que saber

si todavía están allí los árboles,

si los pájaros y las flores

continúan su torneo inverosímil,

si las claridades escondidas

siguen suministrando la raíz de la luz,

si los vecinos del hombre

se acuerdan aún del hombre,

si dios ha cedido

su espacio a un reemplazante,

si tu nombre es tu nombre

o es ya el mío,

si el hombre completó su aprendizaje

de verse desde afuera.

Y al pasar lista

es preciso evitar un engaño:

ninguna cosa puede nombrar a otra.

Nada debe reemplazar a lo ausente.


- Roberto Juarroz

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* Profesora en la Escuela de Sociología de la Universidad Católica del Maule- Talca. Trabaja en líneas de estudios vinculadas a la sociología política, sociología histórica y estudios de género. Doctora en Sociología de la Universidad de Barcelona.