La nueva inmigración: expresiones de vulnerabilidad territorial

Mar, 04/03/2018 - 09:19 -- daniel.maureira

La inmigración que ha llegado a Chile en este último periodo se caracteriza por su alto dinamismo y por una gran heterogeneidad cultural de los colectivos que la componen. De acuerdo a los datos entregados por el Departamento de Extranjería y Migración, DEM (2016), se estima que la población extranjera asciende a 411.000 personas, lo que representa el 2,08% de la población total. De este porcentaje, el 74,9% corresponde a inmigración latinoamericana. Dentro de este grupo destaca la población de origen fronterizo que agrupa al 56,8% del total, siendo la comunidad peruana la de mayor representatividad con un 31,7%. Por su parte la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN 2015) indica que la población inmigrante aumentó de un 2,1% en 2013 a un 2,7% en 2015. La tendencia al crecimiento del flujo migratorio y el dinamismo del fenómeno se refuerza al observar el dato respecto de la cantidad de personas que obtuvieron permanencias definitivas entre los años 2010 y 2016. De acuerdo con lo señalado en el último reporte del DEM (2017), se observa un importante aumento de la población proveniente de Colombia, Venezuela y Haití, que para el año 2010 contaban con 1.081, 333 y 81 permanencias definitivas respectivamente, pero que para el año 2016 alcanzaron las 12.155, 3.699 y 3.646 personas, respectivamente.  

Desde un ángulo estrictamente económico, social y cultural el fenómeno migratorio no es nunca homogéneo. Esto se expresa en los orígenes de los flujos, las causas que lo originan, y los patrones de asentamiento que conllevan. Por ello, al hablar de la inmigración es importante entender que en la sociedad chilena se reconoce la coexistencia de diferentes tipos de migración extranjera, que conviven en las ciudades: la migración que se puede designar como histórica; la migración más actual protagonizada por profesionales y técnicos es­pecializados, y por último, la migración que, por distintos motivos, relacionados con las estructuras de oportunidades a partir de las redes de contacto, experimenta mayor fragilidad de vínculos que la hace más vulnerable, esto último expresado principalmente en materia de derechos sociales.

Uno de los temas más visibles y que resalta en materia de vulnerabilidad de la población inmigrante, hace referencia a las condiciones de habitabilidad. De acuerdo con los datos proporcionados por la CASEN (2015), de la población migran te que su calidad global de la vivienda es irrecuperable, el 61% es pobre multidimensionalmente.

La vivienda trasciende a la materialidad, constituye el lugar donde se convive y se construyen los lazos afectivos. Es también una de las condiciones para acceder de facto a la ciudadanía. Por cuanto la vivienda integrada en el tejido ciudadano. se asienta en un entorno con otras viviendas similares, con servicios básicos propios de la ciudad, con comer­cios y espacios de usos colectivos, escue­las, entre otros. Es ahí donde el habitante se configura como una persona igual, reconocida por los otros, que forma par­te de una "comunidad", del  vecindario, de la ciudad (Borja, 2015).

Desafortunadamente, la localización de la vivienda a la que acceden los sujetos migrantes, principalmente referido al grupo vulnerable, suele estar localizada en barrios con degradación urbana, espe­cialmente en lo concerniente a la infraes­tructura y el acceso a servicios. Esta situación sólo prolonga las diferencias previas de segregación al interior de la urbe.

Acciones de integración

En materia de integración, el Estado chi­leno ha desarrollado acciones que con­llevan a disminuir la brecha de desigual­dad en el acceso a derechos de los suje­tos migrantes. Estas acciones, en el ám­bito habitacional han focal izado su ac­tuación en la eliminación de las barreras de acceso a los subsidios habitacionales mediante adecuaciones normativas que aseguran igualdad de oportunidades de acceso a la población extranjera. Estas acciones han impactado favorablemente en el acceso de los inmigrantes a las políticas habitacionales. De acuerdo a cifras del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (2018), 4.347 extranjeros accedieron a subsidios de programas de vivienda definitiva (D.S.49 y D.S.01), otros tantos se vieron favorecidos por subsidios de arriendo y de mejora de viviendas.

No obstante, las personas que acce­den a estos subsidios continúan siendo muy inferiores en relación con la pobla­ción chilena. De acuerdo a los datos en­tregados por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, del total de beneficiarios (601.996) a nivel nacional del periodo 2014-2017, los extranjeros representan solo el 1,1 % (6.752 personas), lo cual nos plantea una interrogante acerca de si la actual oferta de soluciones habitacionales es la pertinente.

El geógrafo español y autor Horacio Cape (1997) nos señala que la inmigración es un fenómeno consustancial del desarrollo de las ciudades y constituye una de las determinantes del crecimiento urbano. Sin embargo, resulta paradójico reconocer que si bien la inmigración fue factor clave en la regulación de las poblaciones urbanas en la sociedad pre­industrial, por cuanto la urbe necesitaba de la inmigración para mantener su población estable y más aún para aumentarla, hoy en las ciudades chilenas se observan resistencias a su llegada. Muchas  veces se define al inmigrante como un "otro" peligroso, que gatillaría la pérdida de identidad del "nosotros" chileno. 

Un aspecto muy desconocido es el impacto positivo de la inmigración. Más allá de los naturales obstáculos de la convivencia, los barrios donde residen los in­migrantes se ven revitalizados, principal­mente en el área del comercio. Los negocios de inmigrantes juegan un rol integrador, se constituyen en espacios de encuentro cara a cara con los vecinos de toda la vida, es el espacio en el que el sujeto extra1io inmigrante se hace conocido, desmarcándolo de la imagen estereotipada caracterizada por la delincuencia y drogas.

Sin duda, un desafío para una futura política migratoria será incorporar una mirada más amplia del fenómeno de la migración. El impacto positivo en las ciudades se ve muchas veces opacada por hechos puntuales de conflictos de convi­vencia entre vecinos, quedando ausente en el imaginario, la riqueza de los espacios multiculturales. Una sociedad que avanza a pasos agigantados en crear dispositivos de inclusión y en la igualdad de derechos para las personas que habitan en un mismo territorio, no puede olvidar que esta construcción ciudadana se alcanza en espacios de convivencia y respeto, que se traducen en la integración del nuevo habitante, esto es el vecino inmigrante.■

Fuente: Le monde diplomatique.