Emergencias N°19: "Autonomías indígena y estados inviables" Pedro Portugal Mollinedo

El grupo de trabajo del Instituto de estudios avanzados (IDEA) Intelectualidades emergentes en Nuestra América, ha publicado recientemente el número 19 de "Emergentes" una columna de opinión, debate y reflexión.

Mucho se ha escrito sobre las diferencias entre las colonizaciones ibéricas y anglosajonas en América. Es innegable que hubo diferencias, lo que es obvio pues las estructuras económicas y las instituciones políticas, religiosas y sociales de los diferentes países de los que procedían los colonizadores explican esas diferencias. Esos modelos diferentes de colonización dieron pábulo a una interpretación que molesta sobre manera a los españoles, incluso ahora: la llamada “leyenda negra”. Según ese relato los españoles en su avidez masacraron cruentamente poblaciones enteras de indígenas, en la actual América latina.

El tratamiento colonial a los pobladores originarios es una de las facetas de esas diferentes colonizaciones. Contrariamente al prejuicio progresista que proyecta todos los males al actual “imperio” norteamericano, los colonizadores ingleses en sus inicios frecuentemente tuvieron relaciones de reciprocidad con los pueblos indígenas, estableciendo con ellos tratados que normaban condiciones de comercio y de trabajo. Los españoles, por el contrario, subyugaron a los indígenas en el afán de convertirlos en mano de obra en el trabajo extractivista. Ello acarreaba la destrucción inevitable de la cultura indígena.

Esta actitud inicial señala el camino político que ambos tipos de colonización iban a seguir. El anglosajón fue colonizador en el pleno sentido de la palabra: buscaba establecerse, consolidar su permanencia en territorios nuevos. El ibérico no tenía ninguna pretensión de tardarse demasiado en tierras ajenas: lo que quería era acumular riqueza lo más pronto y los más intensamente posible para regresar a su madre patria, como “indiano”.

Esa actitud primordial señalaría las características políticas de las sociedades surgidas del proceso colonial. En América del Norte se constituyeron Naciones nuevas y Estados viable. En América Latina es común la disgregación nacional y el fantasma de constituir Estados fallidos.

Por supuesto que es ese proceso la relación entre colonos e indios en América del Norte pasó de ser de una conexión con relativa concordancia a situaciones de claro enfrentamiento e, incluso, genocidio. Sin embargo, ahora los derechos de los indígenas que sobrevivieron al exterminio en esa parte del continente es, en muchos aspectos, expectable respeto a los derechos territoriales y políticos que gozan. Mientras que en Latinoamérica la situación indígena sigue siendo conflictiva y potencialmente desestabilizadora de las identidades políticas formadas.

Los países en esta parte del continente se formaron de manera indeterminada respecto a la población indígena. El colonizador español, al no intentar establecer una nueva identidad política estable, no le interesó encarar la relación con el indígena en esos términos. El mestizaje como identidad política es un mito: fue más un subterfugio para resolver las necesidades biológicas del hombre hispano.

En las regiones donde el indígena era mayoría poblacional, el español instauró la política de las “dos repúblicas” y, en los centros urbanos, de las “dos ciudades”: una de españoles y la otra de indios. No se trataba de autonomía política, de respeto a la diferencia o de establecimiento de formas políticas de equivalencia. Era una manera de apartar a los indígenas del control global y de la participación efectiva en el manejo de sus propios intereses, al fundamentar una supuesta autonomía. Sudáfrica afinará después ese mecanismo con el recurso del “desarrollo separado”.

Ello propició el letargo en el desarrollo de las potencialidades por parte de las naciones que surgieron luego, durante el periodo llamado de independencia. La falta de integración nacional, la caricatura de orden institucional y el “subdesarrollo”, perceptible —lo que indica lo justificado del análisis— más en los países de mayoría indígena que en los otros, se origina en la actitud primordial hacia lo indígena por parte del colono español.

Curiosamente, para resolver esa situación, se sigue la misma lógica que la originó. La moda, actualmente, en todos los países del continente es la “autonomía indígena”. La solución puede que resida más bien en la estructuración, por fin, de unidades políticas integradas, en las que objetivamente el indio tenga poder, no como minoría y respecto a sus solos intereses, sino como elemento de soberanía total y respecto a los intereses del conjunto.

Las autonomías indígenas en todo el continente parecen ser un fiasco en todo el Sur, mientras en el Norte marchan por camino diferente. Por algo será.

Puedes consultar números anteriores de Emergencias Aquí.

 

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* Pensador Boliviano de origen aymara, actual director del periódico digital Pukara.